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Revista Conclusiones Nº 22 | Febrero 2008

Una concentrada fuerza recorre América latina, la lucha por la II Independencia Nacional que ahora es política y económica; con característica propia, sin perder su idiosincrasia, es parte del proceso antiimperialista del mundo. No siempre se expresa como las que en distintos tiempos y espacios hacen permanente ejercicio de acciones de rechazo al capitalismo y su “globalización”, proceso natural previsto por Marx y Lenin,  como fase superior y expresión, al mismo tiempo, de su anunciado final.
Socialmente la etapa imperialista del capital es la antípoda al progreso de la civilización humana, su historia, aunque comercialmente parece lo contrario y productivamente se alcanzan cifras record en los tiempos de generar bienes y servicios, pero específicamente en la concentración del capital. Ello no significa progreso de la sociedad capitalista, ni elimina el fracaso social, cultural,  científico, que suele ser escamoteado por lo mediático del sistema y aparece como prescindente del orden político de las cosas, que es la etapa viva de la historia de la lucha de clases. Pero lo que el sistema niega lo supera en tiempo y espacio, porque ella está integrada ya en la esencia de la sociedad humana, en la conciencia de la población.
El sistema de acumulación capitalista ya no es un misterio, como que no tiene perspectivas de sobrevivir a su crisis en desarrollo. Hoy no se necesita leer “El Capital” para ser marxista, que es, más allá de la explicación política de la nueva sociedad socialista a construir, un método de análisis y aplicación de la realidad. El materialismo dialéctico, base del marxismo, ahora está integrado en la cultura social en el mundo a través de lo que aparece como un “sinceramiento” del curso de la historia que madura en la conciencia de las masas expresándose en forma diversa, desigual y combinada, pero que apunta siempre contra el sistema que genera la desigualdad con la creación de las clases, es decir, la explotación del hombre por el hombre.
Para esta fase del “sinceramiento” no estuvo preparado el libreto del capitalismo ni de los que degeneraron la lucha por el socialismo. La transición necesaria y posible es el camino al socialismo.
En este curso se ha avanzado, y se sigue haciéndolo ahora con el impulso de ese curso antiimperialista del “sinceramiento” que genera espacios y utiliza tiempos nuevos, que siendo inmateriales en la forma es lo más concreto de la unidad social, que aún sin tener dirección mundialmente funcionando está en todos lados activa y ordena las coordenadas del progreso humano.
El “sinceramiento” que hemos planteado y venimos analizando desde el primer número de “Conclusiones”, es el motor del antiimperialismo de esta etapa de la lucha de clases. Poder analizarlo, comprenderlo y aplicar las conclusiones de ello, es afín y vital al curso del progreso social. Quedarse, como hacen parte de las direcciones de la humanidad, en los esquemas de la etapa anterior de la historia, no ir a su estructura es, más allá de negar la realidad cotidiana, ver un retroceso político del curso de la civilización. Las buenas intenciones no son justificación de los equívocos políticos y organizativos de los que no comprenden la etapa del nacionalismo al Estado obrero, como analizó J.Posadas hace 40 años que se venía y ahora está en pleno desarrollo.
El antiimperialismo ahora se expresa en todas las clases de la sociedad, aún en los que aceptan el poder del imperialismo y la sumisión social a éste, porque finalmente sienten que al ser cooptados y luego absorbidos por él, pierden toda forma de su independencia burguesa nacional, de concentración particular del capital, agregado a la creatividad  e identidad cultural. El sistema imperialista mundial es el último eslabón, en forma y estructura, de la sociedad basada en la división de clases, en cuya estructura el principal factor de disgregación es justamente esa ineludible razón basal, porque no puede abarcar, incorporar, en su estructura económica y política a toda la sociedad que ha dividido en clases antagónicas entre sí. El imperialismo no puede ser diferente a lo que es por su naturaleza de clase. Por esta misma razón, aun sin ser la burocracia una clase, como ocurrió hace 20 años con la caída de las burocracias de los Estado Obreros y la URSS, no pueden finalmente escapar a la disgregación política, económica y social.
En la URSS y el mal llamado “campo socialista” de esa etapa, la desaparición solo se produjo en la súper estructura del Estado obrero degenerado por “el socialismo real” de la burocracia con todas sus consecuencias, hecho que no tuvo poder para destruir la esencia socialista de esa parte de la humanidad que hoy “añora” en un 67% volver a la URSS, y razón por la que por esos años desde Conclusiones, llamamos a dar fuerzas, energías, a las pilas del “Faro que alumbraba el mundo”. Cayeron direcciones que ya no correspondían a la época, y el “sinceramiento” fue esa crisis histórica pero que no hizo trastabillar a la conciencia social de la humanidad. La lucha de clases no se desvió ni paralizó, buscando en su continuidad la explicación de lo que era necesario, -y cómo había que-, corregir de la experiencia hasta allí efectuada.
Hoy la presencia y lucha por el socialismo, así como no tiene apoyo en un eje central orgánico, tampoco tiene la traba que significaba la burocracia y las políticas oportunistas que terminaban en alianzas con el capitalismo y el imperialismo como fue la “Coexistencia Pacífica”, condición temporal que además nunca fue realmente “coexistencia de sistemas” y menos “pacífica” porque las luchas de los pueblos del mundo, incluido la de los del campo socialista y la URSS, impidieron que se plasmaran y pudiesen darse vergonzosos pactos político como en la etapa anterior.
Ahora está progresando el  antiimperialismo y la liberación nacional y popular, revolucionaria, con el “sinceramiento” en las formas peculiares de cada región, y que significa la etapa de transición de la historia. No se produce el cambio mundial que después del triunfo de la revolución rusa de 1917 y la constitución del joven Estado Obrero Soviético con los bolcheviques en la dirección hasta 1924, parecía podía darse para eliminar la sociedad dividida en clases y alcanzar la liberación de la humanidad. Debió madurar la experiencia y generar las simientes de una nueva etapa de la historia. L. Trotsky analizó esto como nadie y sigue vigente la estructura de su análisis, así como J.Posadas lo profundizó y aplicó para la fase nueva del salto dialéctico de la historia que se avecinaba. Pero era necesarias condiciones tanto sociales, políticas como económicas que permitieran abrir los espacios en el tiempo nuevo.
El Estado Revolucionario de esta etapa, que por esencia es antiimperialista, contiene síntesis de esta experiencia realizada por la humanidad. Su conciencia social es materialista y dialéctica, se apoya en los acontecimientos y experiencias del mundo, unificados por la inteligencia y la razón, por la elevación de las relaciones con la vida, la naturaleza y el cosmos. Ello es conciencia material porque se apoya en la lucha de clases, y ésta es ahora la coordinación antiimperialista para avanzar sobre la traba principal para el progreso de la humanidad.
El antiimperialismo del Siglo XXI es la lucha por el progreso nacional, social y popular basado en una política y programa revolucionarios de transformaciones económicas, que en la transición van cambiando el eje de la propiedad de los medios de producción en el campo y las ciudades. Es incorporar la tecnología trasnacionalizada por el sistema imperialista en su beneficio, para generalizarla comunitariamente como bien social y no comercial. La etapa de transición es revolucionaria como las ciencias porque son universales en su acumulación experimental como en las conclusiones de aplicación.
Las acciones que en ámbito de América latina y el Caribe, en particular, se están dando van afirmando una salida antiimperialista, que es en su esencia no capitalista. Por esta razón la mayoría de los gobiernos de la zona surgen de la presión social y la lucha electoral. Unos más avanzados revolucionariamente, otros aún atados a la institucionalización de las luchas populares. Pero, de fondo, ya expresión de la necesidad de cambios revolucionarios, sin confianza en el sistema capitalista único de esta etapa, el neoliberalismo. Ese es el patrón común que determina la etapa regional, con la integración al mismo tiempo que la alianza en el mundo para frenar el drenaje, vaciamiento, de los países por el imperialismo.
El crecimiento económico con beneficios sociales de masas en toda el área, es producto de gobiernos surgidos en esta realidad antiimperialista. Sin ser similares o uniformes los procesos y progresos alcanzados, tienen una raíz común, el rechazo al FMI, al ALCA a la trasnacionalización imperialista de la economía. Resisten la penetración cultural y política defendiendo el derecho al desarrollo autónomo y incluso autóctono, es decir con las peculiaridades del país, como Bolivia. O el salto adelante de economías que, sin romper con el sistema capitalista, van cuestionando partes centrales de su existencia, como en Argentina donde la presidenta Cristina Fernández de Kirchner propone bajo formas atenuadas pero concretas a su vez, que así como se hace control de ingresos y gastos de la administración del Estado también las empresas lo hagan por Internet abiertamente, entre costos y beneficios. Realmente un punto del programa de transición de la IV Internacional de L. Trotsky de 1938.
Ahora bien, de este proceso antiimperialista los pueblos han podido construir un eje central para esta etapa, que es la revolución venezolana y su gobierno bolivariano y socialista. Sin desconocer el papel de Cuba Estado obrero “sui géneris”  en este desarrollo, en la fase actual es Venezuela “chavista” la que asume el papel de dirección revolucionaria, y por ello es la más satanizada y a la que el imperialismo quiere eliminar por todas las vías. El papel de Venezuela es dinamizador de la crisis del imperio en América latina y el mundo. Su gestión directa en la organización de la “Comisión Humanitaria” para la liberación de los retenidos por las FARC, y el éxito de esta comisión que no es sólo la liberación de ellos, sino la integración de delegados de los principales países de Sudamérica, que como en la lucha contra el ALCA en noviembre del 2005, cerraron filas contra la presión del imperialismo.
Esto pone, por estas semanas, juntas las acciones del imperialismo en Kosovo, en la ex Yugoslavia, Irak o las amenazas a Irán, a las de utilizar a Colombia como cabeza de playa, la Israel de esta área, para con el Plan Colombia de los EEUU, contener los progresos de los pueblos, que en realidad es el Plan contrarrevolucionario para Latinoamérica de los EEUU, una política de “africanización” de América latina. Es el relanzamiento militar de la política para copar “el patio trasero”, que es como considera los EEUU, el gobierno norteamericano, no el pueblo, que es América latina, una reserva “natural” a su expansión imperialista.
Las próximas semanas y meses van a ver incrementarse esta crisis en la región. La Integración regional, el Banco del Sur, los acuerdos energéticos, el MERCOSUR y su crecimiento con países del área del Caribe como Cuba, Guatemala y México son parte de la reestructuración geopolítica y económica de América latina. En su crecimiento económico, América latina enfrenta los problemas de la economía norteamericana, pero en mejores condiciones que antes porque no es ya, y simplemente, norteamericana-dependiente, salvo algunos pocos países como Perú, o México, por ahora.
La etapa antiimperialista del mundo se sincera cada día avanzando sobre la potencialidad creciente en lo militar del imperialismo, conjugándose con una tremenda debilidad social y política en los EEUU y el mundo, que está minando su crecimiento económico. La crisis financiera actual no la puede solucionar superficialmente, porque es estructural por primera vez en 70 años. La desaceleración de la economía va junto a la hiperinflación bursátil e hipotecaria. El problema de fondo no es de la economía de los EEUU sino del sistema capitalista mundial, que se expresa allí como en la acumulación de capitales o deuda externa, y como cabeza del sistema. Un curso que no variará gane las internas Obama o Hillary Clinton, o llegue a la presidencia el republicano Mac Cain.
Las perspectivas a mediano plazo son entonces favorables para el progreso de los pueblos de esta parte del globo terráqueo. Las experiencias en curso no doblan a la derecha sino que han virado en la fase actual, a la izquierda antiimperialista.
LC, 1 de marzo de 2008

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