LA TRANSICIÓN A LA NUEVA SOCIEDAD, DENOMINADOR COMUN DE LA HUMANIDAD

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Editorial

Revista Conclusiones Nº 30 | Marzo 2014

“Las protestas estudiantiles y civiles que se están desarrollando en Venezuela son producto de la destrucción sistemática de nuestro país por obra de un régimen comunista. [...]
El Movimiento Estudiantil considera como primer paso la renuncia de Nicolás Maduro y todo su gabinete. De la misma forma, nuestro Estado no puede continuar bajo la dirección del castro comunismo: exigimos la inmediata expulsión de todos los agentes cubanos de nuestras instituciones. [...]
El Movimiento Estudiantil no reconoce instituciones que atenten en contra de la vida de sus ciudadanos. Es por ello que no dialogamos ni negociamos la Libertad con comunistas; esto significaría una traición a Venezuela y a nosotros mismos, como seres libres e independientes.”

ARGENTINA, VENEZUELA, AMERICA LATINA LUMINOSA EN EL PROGRESO

Esta declaración, atribuida por los medios de prensa venezolanos y extranjeros al “movimiento estudiantil”, en particular de la UCV (Universidad Central de Venezuela), como confirmada por la realidad de los hechos en Venezuela, marca la actual etapa, que en la sociedad y sus distintos estratos, se desarrolla el curso de la historia de la civilización humana. Los cambios en la sociedad que impone el progreso de la civilización van en direcciones contrarias a los intereses de distintas, o distanciadas, capas sociales. Para el 50% más pobre, deprimido y explotado por el sistema capitalista desde siempre, se avanza en un cambio que, además, debería ser más dinámico y profundo al estilo del comandante eterno Hugo Chávez, pero para un sector de un 40% estos cambios, que los beneficiaron ampliamente durante estos 14 años, no pueden tocarse ni rozarlos ni con el pétalo de una rosa en lo que hace a “su individualidad”. Pero al mismo tiempo no quieren volver a la 4ta. República y lo que era el país con 82% de pobreza. Para el 7/9% la situación es determinante: ES LA CRUDA LUCHA DE CLASES que ellos buscan y se debe imponer para derrotar por las vías de la insurrección armada, sabotajes, guarimbas, etc., a un curso social revolucionario que sienten LES QUITA PERSPECTIVA A SU SECTOR SOCIAL. El 1 % restante solo invierte parte de sus fortunas en organizar y darle sustento a ese 7/9% que les sirve de base social.
Este es un curso que en América latina en particular se desenvuelve en forma similar de acuerdo a las características y peculiaridades de cada país. Clase pobre que crece en el nivel de vida y avanza en los beneficios de la civilización y la inteligencia humana, a las que algunos solo ven como del sistema capitalista, junto y separada dialécticamente, al mismo tiempo, de la clase media y sus diferentes sectores. Cosa que a esta la incorpora socialmente como parte de la clase explotada en general, así como la separa por su histórica aspiración a ser “burguesía” siendo solo una “pequeña burguesía” que usufructúa de la lucha de clases en la que muchas veces participa, como en Argentina en los años 2000/1, en un frente único que por momentos fue “alianza” con los “pobres” y explotados del sistema con más de 8 millones de desocupados, 185 mil fábricas cerradas, una Deuda Externa 3 veces y media el PBI, en que explotó el país en crisis y finalmente caída de la política del FMI con el neoliberalismo, la desaparición del gobierno autoproclamado “progresista” de Fernando De La Rúa” (E.R. Exposición en UNAM, 17 de marzo de 2002), y que luego de un interludio donde pasaron por la presidencia, en pocos días, 5 presidentes, el gobierno provisional de Eduardo Duhalde, nombrado por el parlamento y en mayo del 2003 la irrupción de un Néstor Kirchner “que entró por la ventana de un edificio en desintegración (Argentina) cambiando política, social y económicamente el curso” (Conclusiones LC , 2013) y de allí al progreso de un gobierno Nacional, Popular que deberá finalmente, siendo Democráticamente Revolucionario, desenvolverse en etapa de transición permanente, no gradual sino revolucionaria dialéctica que elimina o asimila a los contrarios a una nueva nación producto de una Constituyente refundadora y un Estado revolucionario, que como Venezuela, Bolivia, Ecuador, avanzan al socialismo.

UCRANIA, RUSIA Y EL PAPEL DEL ESTADO OBRERO

En la otra punta del planeta, en Ucrania, ex Estado Obrero como parte de la URSS, con el mismo sistema de penetración el imperialismo azuza a los hijos de los parásitos burócratas y la “oligarquía empresarial” (expresión de Putin) que han llevado a 60% de la población a una miseria “espantosa”, corrupción y despilfarro de los bienes del ex estado obrero ucraniano, y que “es peor de lo que vemos aún ahora en Rusia” (V.Putin). Entonces estos sectores privilegiados que se quedaron con el reparto del Estado Obrero, -etapa Gorbachov/Yeltsin-, como analizó Don León Trotsky hace 80 años, por su condición parasitaria de la revolución, pensamiento administrativo y burocrático, ni siquiera podrían llegar a ser burgueses empresarios.
En Ucrania se está abriendo el nuevo curso en esta etapa de “la revolución política en la URSS” prevista por Don L. Trotski (1930), como se retoma “la regeneración parcial de la URSS” analizada por J.Posadas (1974); al mismo tiempo y uniendo en un solo curso se vuelve y retoma lo que fue “el desvío transitorio de la regeneración parcial del Estado Obrero, que fue Gorbachov-Yeltsin,” que analizamos en 1990 y publicamos en la revista “Conclusiones”. Esa es la estructura de la crisis, del curso permanente no gradual del fondo de la cuestión del por qué aparecen, irrumpen violentamente contradicciones que se arrastraban desde el ex Estado Obrero y que ahora se transforman dialécticamente en el salto a lo antagónico. La misma burocracia que usufructuó durante 60 años del E.O. hoy, en su desesperada búsqueda de alianza de clase con el capitalismo imperialista, encuentra que esa lucha no produce los efectos y resultados deseados. Nosotros planteamos que las formas aparecen diseminadas empíricamente sin un orden; sin embargo, en la combinación desigual del proceso de crisis, entre las viejas oligarquías parasitarias del gobierno de Viktor Yanukovich, como de los que los destronaron, hay un cordón umbilical común. Como con Yulia Volidimivna Timoshenko, a la que fueron a sacar de la cárcel donde estaba por corrupción contra el estado, etc.
Estos son los mismos personajes que en la Rusia de Yeltsin se quedaron con el patrimonio de la URSS, como el “magnate petrolero” Mijail Jodorkovski y tantos otros que compraron (¿?) las acciones de los trabajadores en el “reparto igualitario” del “demócrata pro occidental” Yeltsin, cuando liquidó la formalidad de “una URSS degenerada” (L.Trotsky) y en realidad queriendo volver al capitalismo, ignoró que en el curso dialéctico de la historia el progreso de ésta a veces aparece en sentido opuesto a lo que finalmente se realiza. Yeltsin terminó enterrando una etapa que pesaba contra el progreso de la historia al sacar a la superficie, sin quererlo, lo que era la verdadera burocracia heredera del stalinismo, esos 20 millones de parásitos producto de la política del “socialismo en un solo país”, y que desde el aparato administrativo chupaban la sangre de las masas soviéticas como ahora lo hace la oligarquía ucraniana de acuerdo a lo expresado por V. Putin, y que en la URSS también habían liquidado el papel del PCUS (ese que J.Posadas-1912/1981-, analizó que existía solo como aparato, pero ya no movilizaba), por lo que cuando se desmonta el aparato administrativo de la URSS no consigue movilizar a las masas que no lo veían como su legítimo representante. Situación que al mismo tiempo no significó que la inmensa mayoría del pueblo soviético no siguiera y se sintiera “ciudadano soviético” (LC revista Conclusiones 1992).
Entonces estos dos claros ejemplos, en una luminosa América latina como en los ex Estados Obreros y una Rusia de base social soviética (a la que desde hace años llamamos “Rusia, actual seudónimo de la URSS”) que desenvuelve dinámica, como contradictoria y combinadamente, cada vez más profundamente el papel revolucionario del Estado Obrero. De cara a este proceso es que se desintegra la política socialdemócrata del gradualismo, reformismo del capitalismo.
Claro que hay decenas de ejemplos que en distintos niveles de conflicto muestran por un lado la crisis del sistema capitalista y su cabeza imperialista, como la de la etapa, en tiempos y espacios propios, en que el “sinceramiento del curso de la historia” (LC 1989) rompe los esquemas y vuelve a las estructuras del progreso. Es la crisis del gran capitalismo imperialista y el naufragio de sus veleros de río ante la marina borrasca de las crisis financieras. De la fuerza de la economía productiva con la “rebelión” de esta fuerza contra el sistema capitalista que la quiere sujetar y someter a sus propias leyes de mercado globalizado y concentrado. Marx y Engels habían previsto hace 167 años este curso, que denominamos en esta época como “La Rebelión de las Fuerzas Productivas” (LC 2000). Una fuerza que se une con un aliado histórico que es “la lucha de clases”, y que ningún capitalismo nativo o regional, como el imperialismo mundial pueden contener ni menos derrotar porque son resultado y efecto del antagonismo del sistema capitalista con el progreso de la sociedad humana.
Este es el contexto en que se desenvuelve la “etapa de transición” del capitalismo a una nueva y dinámica función del Estado nacional desarrollado por el progreso de la lucha de clase y la rebelión de las fuerzas productivas en los Estados Revolucionarios, que expresan en distintos niveles en cada país del mundo, lo que hace a fases transitorias de la construcción de la nueva sociedad, y la función de los partidos, por lo cual estamos aquí.

LA QUIMERA DEL ORO, UTOPIA, GRADUALISMO, SUEÑOS DE LIBERTAD CONSTRUYEND0 LA TRANSICION:

Recordamos la extraordinaria película “La Quimera del Oro” con la magistral interpretación de Charles Chaplin. Una obra de arte, más allá de mostrar que la cultura, y en particular el arte cinematográfico puede y debe tener un papel enorme en lo que hace a la construcción del progreso social. “La Quimera del Oro”, en claro mensaje cultural de las relaciones humanas, desenvuelve en lo político acerca de las injusticias del sistema capitalista, como en “Tiempos Modernos”, con las notabilísimas actuaciones del genial Chaplin: se puede ver lo que se quiera, pero no quiere ser necesariamente esa la realidad. En el sistema capitalista, las quimeras y la sujeción de la fuerza del trabajo bajo normas de explotación extremas aparecen permanentemente, como la zanahoria con la que se quiere hacer caminar al burro, como la zanja donde determina y termina su existencia.
Esta relación entre el capital (propietario empresario, banquero financista) genera una división de clases por la necesidad de supervivencia. El individualismo feroz es una materialización del llamado capitalismo salvaje. El neoliberalismo es la globalización consensuada y aceptada por las fuerzas productivas del capitalismo, es su etapa de esplendor como también la última porque en su concentración trasnacional, como previó el genio y maestro V.I. Lenin, “el imperialismo es la fase superior y última del sistema capitalista”. Esta condición puede darse porque el capitalismo usufructúa de la capacidad del ser humano en cuanto a la creación y al desarrollo de la ciencia, técnica, informática, la nano tecnología que, aplicada, en poco tiempo podrá resolver enormes y complicados problemas que plantea la vida y la existencia social misma. Pero adjunto a ello, al necesitar tener un colchón de soporte, genera diferentes capas, estratos sociales que logran alcanzar, o arañan, parte de la súper estructura del sistema del cual solo disfruta una pequeña minoría de la humanidad. Ese sector en los ex Estados Obreros de Europa, Rusia, China, son la parasitaria burocracia que entrelazada con las trasnacionales por intereses comunes hacen acuerdos y logran mimetizarse con la gran burguesía imperialista del mundo. Aun cuando no tienen posibilidad de realmente ser parte constitutiva de cómo se formó la burguesía en el capitalismo, y por eso es parasitaria, u “oligárquica financiera” como la denomina correctamente V. Putin. Pero en el sistema capitalista de los países desarrollados es la clase media que busca en la cultura justificar su existencia, como también sufre la permanente decadencia y cambio de estado en una sociedad capitalista que no le garantiza ninguna “estabilidad económica ni social”. Entonces es conservadora, rudimentaria en conservar sus “conquistas sociales”, como reaccionaria en tanto busca ser burguesía, aspira a “subir el escalón social del capitalismo” y se siente parte de esa sociedad, que incluso antes negó. Aquello de que las conquistas a que acceden por la vía de la lucha de clases y en los gobiernos nacionales, populares, antiimperialistas, democráticos son en sus realidades producto de “me quemé las pestañas…”, “lo hice con mi trabajo”, etc. Queriendo ignorar que las conquistas individuales tienen una cuota absolutamente mayoritaria de productos de la lucha y las relaciones de clase.
Ahí mueren todas sus “utopías” y se transforman en sueños de opio para una gran mayoría, en particular para los que logran ascender en la escala de “profesionales” o técnicos, y en la que hay que incluir a las capas de la “aristocracia obrera”. O como dicen los pueblos “no te olvides de cuando fuiste ternero”. Esos sectores sociales no son reaccionarios, sino conservadores del status conseguido. Y para ellos hay que generar una política de integración. En Venezuela, la UCV (Universidad Central de Venezuela) era un crisol de la izquierda y generadora de cuadros revolucionarios, ¿por qué ahora hace el papel de punta de lanza de la contrarrevolución?. Porque no hemos sido capaces de integrarlos en las perspectivas de la nueva sociedad en construcción. En que al integrarse cientos de miles de nuevos estudiantes que vienen de las clases pobres y medias pobres del campo y las ciudades, este sector que se ubicó por sobre la sociedad en su conjunto ahora debe compartir el progreso individual con el colectivo social. Entonces no comparte sino que COMPITE SOCIALMENTE. Y allí se apoyan las “guarimbas” y las bases de los “escuálidos”. En la ex burocracia millonaria de PDVSA y las empresas, muchas fantasmas, que vivían de la teta del petróleo que se iba al imperio.
Este proceso en Argentina lo vivimos de manera similar, hasta que a finales de la década de los 90 del siglo XX, la crisis del sistema los chupó a ellos también. Y allí se hizo por primera vez socialmente, sin organización política partidaria o sindical alguna, una “alianza de clases” que incorporó a los trabajadores, desocupados, a los ignorados o excluidos de la sociedad capitalista en crisis con las clases medias, la pequeño burguesía del campo y la ciudad y el resultado fue que, ante la desintegración a que marchaba el país, se dio la salida política desde un gobierno que atacó los cimientos de la crisis, aunque no pudo superar hasta ahora -y diría Hugo Chávez “por ahora”-, la estructura del sistema. Entonces vivimos una contradictoria como dialéctico-crítica y revolucionaria etapa de transición como en otras partes del mundo capitalista, como en la Europa oriental, Rusia, China, etc., que de otra manera se empieza a expresar al nivel de Ucrania. Mucho más allá de la historia de la nación y de lo cual Don León Trotsky escribió hace 90 años. La revolución permanente se consolida en los saltos dialécticos de la sociedad.
El sistema social capitalista crea espejismos para poder concentrarse, va eliminando factores humanos y sus culturas, crea leyes que al sistema le dan cobertura de aplicación, que aparecen como únicas salidas para el progreso y que en realidad son tan falsas como su solidez. Lo que denominan “estabilidad, credibilidad, confianza”, que siempre tiene un supra común denominador: la ley que impone el Mercado, su economía de desigual usufructo de lo que el trabajo humano, creando, genera como pasible de acumulación. No es el mercado social y su necesidad distributiva, sino una “libertad de mercado” donde se impone el principio del capitalismo salvaje: La Ley del más fuerte.
Ahora el agotamiento del capitalismo se produce, nutre, de su propio desarrollo como sociedad. De la revolución productiva, que en nuestra opinión analizamos desde 1999 como “la plus valía concentrada”, se pasa a la negación de todo progreso que permita distribución social porque ello impide la “necesaria” concentración del capital. Entonces lo que hace 300 años era un desarrollo progresivo hoy se transforma en la especulación financiera, que elimina como eje a la fuerza productora, para transformarse en maniobra de complejos esquemas financieros donde la informática le permite y determina el crecimiento o hundimiento de las economías. Todo lo ocurrido en los EEUU, y que se desenvuelve en Europa con variadas formas pero un mismo sentido, exime de análisis. La utopía capitalista del crecimiento perpetuo naufraga en las aguas de la revolución social que quiere, requiere, una distribución justa de los bienes que la sociedad produce. El progreso de la revolución francesa del Siglo XVIII, con su “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, el capitalismo en su desarrollo no solo la ignoró sino que la tiró al basurero.

LA LIBERTAD ES SOCIAL ECONÓMICA, LAS AGUAS DEL PROGRESO Y LOS PARTIDOS

En este curso de cambios que en países con características peculiares o propias de su historia se expresa con distintos grados de profundidad en lo que hace a la estructura, queremos destacar un eje que los unifica tanto en América latina como en Asia o Europa: que en éstos un sector de la población que fluctúa entre el 15 y 25% no se siente incorporada a estos procesos de liberación social, reaccionando en forma inversa al movimiento de masas, se sienten agredidos por éste y reaccionan contrarrevolucionariamente. Esto plantea, en nuestra opinión, una tarea importante a los Partidos que planteamos la construcción de una “Nueva Sociedad” socialista. Siendo allí donde se abre una discusión que ya se planteó en las revoluciones del Siglo XIX y en particular la revolución Rusa de octubre de 1917, acerca de la “democracia abstracta”, que de fondo es dictadura capitalista aggiornada a la lucha política, o la “Democracia Social” donde las masas trabajadoras asumen el papel de conducción de la sociedad y a la que tildan de “dictadura del proletariado”. La discusión acerca del verdadero valor de la República Burguesa, que termina siendo la máscara con que el sistema aliena a la fuerza del trabajo.
Por ello reiteramos que el ejemplo claro, expresivo y actual, es el curso de la crisis de crecimiento de la revolución venezolana. Es la combinación de una democracia teñida de viejas estructuras constitucionales de la IV República, con la fuerza en desarrollo de la V República. Condición que exige la claridad de una dirección que planteando “La Paz” avanza en lo social y revolucionariamente, como lo planteó infinidad de veces el camarada Hugo Chávez: “somos pacíficos, democráticos y defendemos una democracia que sí está armada”. Curso que ahora, acelerando los tiempos, también limpia el camino de obstáculos y permite elevar la construcción de la dirección en pleno desarrollo. Una actualidad que la gran masa productora del pueblo debe enfrentar y resolver, en medio de la pérdida física de un revolucionario como Hugo Chávez y la intervención más o menos abierta del imperialismo y las burguesías del mundo en contra del curso bolivariano socialista. Proceso que le exige tanto sostener la economía, como defenderse de la burocracia administrativa estatal y privada, de la corrupción heredada social y culturalmente de la IV República.
Ahora es claro ver por qué los estudiantes y las clases medias son la cabeza de playa de esto que se ha dado por llamar “golpes suaves o blandos”, pero que en realidad son parte del “sinceramiento del curso histórico” como venimos planteando desde 1989, en que todo lo que obstruye o desvía el curso del progreso de la humanidad, su historia de lucha de clases, aflora inmediatamente y adquiere, sincerándose, un grado de primer nivel para la vida de los pueblos. En ello, que no es la llamada “opinión pública” formada y construida por el sistema, se centra la “conciencia” democrática revolucionaria de las grandes masas que están definiendo una etapa de la historia de la humanidad, que sintéticamente la concebimos como DE TRANSICIÓN del sistema capitalista con miles de años de construcción, ahora en su final, y la nueva sociedad en construcción, el socialismo, porque como analizaron los maestros Marx y Engels la humanidad no se propone realizar nada que antes no haya ya resuelto en su cabeza. Tanto como que para ello hay una función central, la construcción del órgano político, el partido que encare centralizadamente esta acción.
Esto se planteó en la revista “Dosmil21”, órgano del PPT de Venezuela, como la “necesidad de construir el partido único de la revolución, basado en la más amplia democracia interna, derecho de tendencia, publicación y vida interior, como manera de afirmar el Estado Revolucionario” (LC 2005). Se intentó varias y en variadas formas y de ello es expresión el actual Polo Patriótico, basado en el PSUV como eje, construcción que aún arrastra vicios y prejuicios de toda la etapa de la 4ta República y que ni el mismo comandante Chávez pudo superar definitivamente. Por eso aparecen al final de su vida sus dos líneas estructurales “El Golpe de Timón” y el programa PATRIA, que busca concentrar las necesidades con la construcción necesaria para enfrentar lo que ahora es una batalla por el progreso social que encara el camarada Nicolás Maduro.

LOS SUEÑOS SOCIALES SUPERAN LAS UTOPÍAS INDIVIDUALES

Es filosofía y política del sistema querer separar la inteligencia humana, los progresos de las ciencia aplicadas, como la informática, la nano tecnología, etc., de la lucha de clases. Cuando hay una simbiosis en la construcción de ambos factores como sus indivisibles motores. El desarrollo científico es expresión de capacidad social de una realidad que aun no pudiendo por sí misma cambiar las asimetrías de una sociedad injusta desarrolla progreso aplicado a la vida. Pero ello no sería posible sin el estímulo permanente de superación social que es la lucha de clases o sociedad en divergencias. Es diversión del fondo de la cuestión aún no resuelta por la humanidad: la lucha de clases aliada a la “rebelión de las fuerzas productivas”. Entonces las “utopías” del siglo XVII en adelante son superadas por el progreso de la civilización, pero socialmente en forma negativa a su desarrollo negándose a sí mismas a pesar del crecimiento de capas sociales que elevan su nivel de vida. Por esto, en la aceleración de tiempos del actual quehacer social, ahora permanentemente se abren tiempos que cierran, con dinámica antes nunca alcanzada, nuevas etapas. Procesos que antes transcurrían en siglos o decenas de años, ahora se producen, en tiempos históricos, a la velocidad de la luz. Curso que sin negar sus contradicciones permite desenvolverse a sí mismo como nuevas etapas sin haber terminado el circuito anterior, generando condiciones históricas de transición que dialécticamente concentran la experiencia de la humanidad.
En este proceso del desenvolvimiento de la historia, las leyes capitalistas de la economía son tan universales como peculiares en su aplicación; de este curso nace, y concentrándose, se genera el imperialismo, como analizó V.I. Lenin. El mismo sentido de explotación del trabajo como de concentración del capital se da en la India, EEUU, Francia o Argentina, pero con las condiciones objetivas que plantea su situación social, geográfica y económica. Por eso la India, miembro del BRICS y potencia mundial económica, tecnológica e informática, tiene un índice de pobreza del 80% de su población que vive sin cloacas, agua corriente, energía eléctrica, etc. En condiciones de espantoso atraso social. Como en la otra punta del exponente imperialista, los EEUU. tiene un 40% de la población en condiciones de pobreza como uno de los más altos índices de criminalidad. Esta es la realidad en que el sistema se sostiene en todo su mundo con distintos niveles pero un mismo carril y es allí donde naufragaron las utopías burguesas.
Ello condiciona el curso progresivo de la civilización, al mismo tiempo que todo lo que se opone, traba o intenta desviar este curso en su desarrollo científico, cultural, tecnológico queda inevitablemente en un estadio inferior que niega lo que a ese progreso ellos mismos contribuyeron a construir. En el sistema capitalista las utopías de la sociedad burguesa y su democracia caen en su estadio imperialista que las niega. Se viaja al espacio, se logran cambios estructurales en la ciencia médica, se progresa en la informática, en la producción y productividad de la fuerza del trabajo, pero no elimina la lucha de clases ni las ya actuales expresiones concretas de la rebelión de las fuerzas productivas.
Existe una contradicción, una quimera en direcciones y gobiernos populares antiimperialistas en querer sostener armonía en perspectiva de una nueva sociedad y arrastrar el viejo sistema capitalista que se derrumba, desintegra, bajo cualquiera de sus formas primitivas o modernas, como ha analizado en fórum internacionales la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Una etapa de cambios históricos como la del Renacimiento del Siglo XVI, la Ilustración y la revolución burguesa en Francia, que ahora aparece con el curso socio-político-económico mundial capitalista que combina su sistémica crisis en tiempos en que muestra desgaste final como que dialécticamente y superándose a sí mismo se abre a la libertad social una nueva etapa de la historia. Es entonces una utopía el esperar del capitalismo que desarrolle el mismo papel que hace tres siglos en el desarrollo de la industrialización, la producción y productividad y de cara al feudalismo una solución a los problemas de la sociedad; es perder la visión de la realidad en tiempo actual. Es “una quimera” como el hambre que obnubilaba al compañero de Chaplin y lo hacía ver a su amigo como apetitoso “pollo”.

EL FINAL DE LA UTOPÍA CAPITALISTA

Todas las nuevas sociedades en la historia de la humanidad, para triunfar sobre su antecesora desarrollan fuerzas productivas que abren la ciencia, la cultura y éstas, dialécticamente, a un camino progresivo que finalmente, al no cambiar la inequidad en la distribución, será superado en plazos no determinados por el azar sino como parte del desarrollo lógico que imponen las necesidades de la sociedad que ha desenvuelto. Es un curso lógico donde este progreso evolutivo no significa otra cosa que permanentemente volver a las fuentes de sí mismo, a la base en que se originó y en permanente desarrollo como en el origen de la materia. Pero socialmente este curso no se da volviendo al punto de partida sin el acumulado de la experiencia base de toda la ciencia, sino incorporando a su estructura todo lo que hace al progreso permanente, imprescindible para convalidarse a sí mismo.
La ciencia, al aplicarse a la economía social tiene sus raíces en este curso. Cualquier diversión de estas leyes objetivas que el capitalismo quiera o necesite implementar será necesariamente, buscar escapar en el tiempo de esta lógica dialéctica de la historia de las sociedades. Es que finalmente es en la lucha de clases en que cae y dirime el curso. En esta etapa el sistema capitalista ha pasado de ser cuestionado a ser dinámicamente suplantado en lo central que constituye lo más material de la sociedad en la historia: su conciencia universal.
Del capitalismo, lo que lo califica en este tiempo es su etapa de barbarie depredadora de la naturaleza y el ser humano, “capitalismo salvaje”, fascismo, globalmente el imperialista. Como en el mismo curso, pero en dirección totalmente opuesta, avanza la afirmación de la necesidad del socialismo. La nueva sociedad que no niega, como medio de producir los bienes necesarios, que se generó en la sociedad capitalista en la forma concentrada y planificada globalmente de producción generando alta productividad. Pero el capitalismo utilizó a sangre y fuego la explotación de la fuerza del trabajo humano para justificar su existencia superior, desarrollada en la necesidad que planteó el crecimiento social desde el origen del comunismo primitivo, el esclavismo, el feudalismo al capitalismo industrial. Un curso agotado que pasó de la contradicción al antagonismo con la vida.
Es por tanto claro que dialécticamente todo curso tiene su evolución y negación como base de su superación. El capitalismo se ha venido reciclando basado en la capacidad humana expresada en las diversas aplicaciones de la ciencia, la cultura y la tecnología de producción, pero sin poder superar la negación que lleva implícito en su desarrollo como analizaron Marx y Engels: producir colectivamente con apropiación individual de “la plusvalía” que esa fuerza de trabajo genera. Ello es la base de “la lucha de clases” o lo que también se puede interpretar como “el conflicto social” que hoy vemos en todo el mundo. Un mundo en que el desarrollo económico desigual y combinado tanto se ha concentrado en el poder económico como pluralizado en los estratos sociales, generando avances y atrasos culturales.
Lo que ayer parecían utopías se ha realizado parcialmente por el progreso global de la ciencia de producción. Se acortaron los tiempos productivos y eso permitió generar mercados de consumo con poder. Se generalizó una clase media como aristocracia obrera que afirmó consumo en todo el mundo. Ello llevó a que el capitalismo y sus voceros plantearan el “fin de las ideologías y la historia”. El capitalismo utilizó la ciencia para la producción de bienes y servicios, y creó la fuerza de la acumulación financiera en base a la planificación mundial de la producción y el comercio. La globalización imperialista era la solución a las economías desfallecientes después de dos guerras mundiales y, en particular, de un supuesto fracaso del socialismo. La utopía socialista se quedaba sin verdad.
Sin embargo, así como no pudo haber esclavismo o feudalismo “bueno”, a pesar de que se realizaban progresos en la producción de bienes y servicios, tampoco lo hay en el capitalismo que hereda de esas sociedades la diferencia de clases. Que mantiene la producción en forma colectiva y la distribución inequitativamente en forma individual. No se puede poner sin ser parte del conflicto, una balanza de reparto con justicia social, como equidad entre el 50 y 50% del “capital” y el trabajo. Eso es también una “quimera” en la que empiezan a pesar los sueños apoyados en una material realidad de la lucha de clases.
Los antiguos cristianos y su comunismo primitivo, en particular en Jerusalén antes de nuestra era, fueron superados y aplastados porque no podían reproducirse sino en forma artesanal y comunitaria en los alimentos. Los proletarios de esa época eran la base social pero minoritaria frente al esclavismo comerciante dominante. “El no ser dueño de propiedad alguna” les habría las puertas del cielo tanto como les negaba los beneficios en la tierra. El capitalismo se va a estructurar en esa contradicción, que no es religiosa sino ideológica en la construcción de la forma de producción y distribución.
Los sueños pueden superar la utopía cuando son acompañados por la realidad de la lucha de clases; cuando se integran en la necesidad social de romper con las cadenas de la explotación y consiguen la libertad del ser humano. Entonces la utopía, como motor de impulso, abre paso a la realidad del sueño materializado. Y en esa etapa América latina ha avanzado enormemente en estos últimos 14 años en que retomó los progresos de décadas de lucha social para concentrarla en planes, proyectos objetivos concretos de desarrollo económico encarando la armonía social, aun cuando este curso todavía no pueda definir el sistema que le dé sentido a una necesaria correlación entre forma de producción y distribución, o la igualdad que surge de “a cada uno según su necesidad”.

LA ACTUAL ETAPA DE TRANSICIÓN PERMANENTE EN EL PAÍS Y EL MUNDO:

En Argentina hemos entrado en una etapa de transición progresiva a una nueva sociedad. Proceso cuyas bases nacen de las cenizas del neoliberalismo, de la opresión del FMI, BM, del intento del ALCA y los TLCs que en la década de los 90 del siglo XX se constituyó como la fuerza que imponía que todo lo que “debía ser del estado sería privatizado”, en que “las relaciones carnales” era la política de sumisión al imperialismo. Toda una construcción que se hace a través de una política en “democracia y república” que ni la misma dictadura cívico-militar se animó a aplicar a fondo; solo dejo el sendero de su camino a la desintegración como país.
Con la crisis económica del final neoliberal del gobierno de C. Menem (1989/99) y la explosión social de diciembre de 2001 el sistema queda cuestionado. Las masas trabajadoras, con un aliado importante como circunstancial de las clases medias del campo y la ciudad, irrumpen con decisión social pero sin dirección política que, canalizando el curso, plantee una salida progresiva. Se abre así una etapa en que sumamente golpeado el capitalismo, sus organizaciones políticas, representantes burgueses, oligárquicos y sin reacción externa imperialista que pudiera determinar un intento de dictadura fascista -que por otra parte socialmente no tenía posibilidad alguna de entronizarse-, el gobierno transicional de Duhalde navega entre la crisis y la presión social. El adelanto de las elecciones para marzo de 2003 encontrará el último suspiro del neoliberalismo con la reaparición de C. Menem y su populismo reaccionario que, nucleando en primera vuelta a todo el voto que piensa en gran parte como la dictadura de 1976/83 pero solo representa el 15%, más sectores lumpen proletarios por su atraso cultural y político y fuera del circuito productor llegará al 24% mientras en la otra vereda desde Kirchner, Rodríguez Saá y otros se nucleará la contra cara del intento restaurador del menemismo. Néstor Kirchner decide con sus 22% que la segunda vuelta no se produzca por “abandono de Menem” a presentarse porque sabía iba a ser barrido con un Frente Único Social que pasaría el 80% electoral.
Esa etapa hoy se vive en Argentina desde otra condición que exige necesaria profundización del nivel de progreso social alcanzado en estos 10 años. Una transición que es similar en tiempo, espacio y diferentes expresiones y formas en todo el mundo, pero una misma evolución en el sistema capitalista con el derrumbe del sistema tanto como pasó con el socialismo real de la burocracia que, cultural y políticamente se quiso hacer pasar como “fracaso del socialismo” acontecido en la URSS y los mal llamados países socialistas, cuando en realidad y por esos tiempos lo que cae es la burocracia y se abre un curso regenerativo con todas las vicisitudes que semejantes necesidades le plantea a la sociedad soviética. “No hay retroceso histórico, triunfo del capitalismo ni fin de las ideologías y la historia, hay un “sinceramiento” de este curso (LC 1989) “.
Esa etapa de la historia hoy toma expresiones muy claras, profundas, como también contradictorias porque, como planteó el camarada Hugo Chávez, vivimos una etapa donde una sociedad “no acaba de morir y la nueva de nacer”. Esa es la transición que planteo Don León Trotsky en “La Revolución Permanente” y J. Posadas aplicó y desarrolló en su obra “Del Nacionalismo al Estado Revolucionario y el Estado Obrero” (J. Posadas, 1974).
En Argentina, Venezuela, Ucrania o Bolivia, Brasil, Ecuador, Grecia, España o Rusia y los EEUU se desenvuelve este curso que aún dentro de lo empírico no deja de ser por ello materialistamente dialéctico como profundamente revolucionario. Lo que aparece en la superficie no contradice sino es parte de una estructura universal en cómo se expresa la lucha de clases. Por ello no se puede, en nuestra opinión, analizar individualmente el curso nacional desligado del proceso internacional. A la universal lucha de clases, la rebelión de las fuerzas productivas, se suma por naturaleza concreta la globalización del sistema mundial capitalista. Como la crisis de su cabeza imperialista que teniendo armas de destrucción masiva para hacer desaparecer la humanidad y la naturaleza misma, hesita en usarlas porque dentro del mismo EEUU el pueblo norteamericano no está dispuesto a jugar ese nefasto papel, que ya vieron y combatieron en Vietnam. El movimiento de millones de jóvenes, de amplias capas de la cultura, sindicatos y el trabajo, no solo de origen latino sino de raíz anglosajona, europea, etc., que llevaron a B. Obama al gobierno buscando una superación a la concentración de los monopolios internos como al papel de “policía militar internacional” de su país, no está ni muerto ni derrotado.
Es en este curso, ni utópico ni de sueños que finalmente “sueños son…”, como los del genial Calderón de la Barca, creemos que hay que discutir cómo en estos Seminarios organizados por los compañeros del PT de México, insistiendo en el “papel de los partidos en la nueva sociedad” partiendo de la etapa de transición que ya estamos viviendo en todo el mundo. Argentina hoy es luchar por la Integración y Unidad (política) Regional, es la construcción de la Democracia Social que le dé estructura a las Nuevas Republicas Unidas en una Federación, en la que la Planificación regional de qué, cómo y cuándo producir sea la política armónica para el desarrollo en la primera etapa. Los EEUU así fundamentaron su desarrollo empezando por concentrar la capacidad de los Estados. Y esto puede desenvolverse, con capitalismo imperialista como en los EEUU, o en forma superadora socialmente en estados nacionales, populares, democráticos y revolucionarios. Están todas las condiciones en lo regional como en el plano mundial. Los pueblos del área soviética no han vuelto al capitalismo. La Revolución Cubana se desenvuelve corrigiendo errores pero sin dejar el camino socialista, China Estado Obrero sui generis plantea en su desarrollo y enorme crecimiento económico también falencias a corregir y en ello la función del PCCH, Chile con Bachelet deberá resolver los antagonismos arrastrados del pinochetismo y va camino a ello, Brasil, El Salvador, Uruguay, Bolivia, etc., son parte de esta ”Luminosa América latina” que como lo que está regenerándose en la tierra del “Faro que ilumina el mundo” (Rusia seudónimo de la URSS, LC, 2010) muestran que no hay ni final ni retroceso de la historia. La transición a una nueva sociedad es una necesidad de la vida, la existencia de la naturaleza y el cosmos.

Eliseo Ramírez,10 de Marzo de 2014

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