La indignada rebelión mundial de la juventud

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Revista Conclusiones Nº 27 | Marzo 2012

EDITORIAL.

Una sociedad humana sólo se justifica en el tiempo cuando como expresión de la época se proyecta dialécticamente hacia delante de su tiempo mostrando un sólido futuro. Cuando este proceso, tan material en el desarrollo diario de la vida y su permanente transformación, es al mismo tiempo inmaterial en lo que hace a generar pensamiento e ideas como norma existencial que genera la humanidad. Cuando esto no se produce armónicamente asistimos al fin de la era de un sistema que antes justificó su papel en la historia pero que debe abrir paso a lo que es la nueva sociedad. Y esa etapa que en nuestra opinión ya transitamos la hace la humanidad como género al mismo tiempo que despunta la parte que más tiene que ganar del salto dialectico en camino: La Juventud

El sistema capitalista, en su fase imperialista de concentración que eufemística y banalmente fue calificado de la “globalización del mundo” con unipolaridad política-económica-militar, por los centros del poder mediático y la decadente cultura del sistema, ha llegado al cenit de su expansión como también al tobogán de salida de la historia de las civilizaciones. No precisaremos por países o región porque es innecesario ante la realidad de la crisis del mundo del capitalismo que no puede ya generar progreso social; como expresan los jóvenes del mundo “este sistema es el que no me quiere”.

La Indignada rebelión de la juventud contra un sistema que no la representa es la partera de la nueva sociedad; ésta, aún sin nacer, ya está sosteniendo el futuro del género humano, la naturaleza y la relación con el cosmos. Este curso revolucionario social de la juventud no tiene dirección única orgánica, por ahora, pero sí una raíz común que la unifica por arriba de los espacios geográficos, las culturas y los idiomas en la crisis mundial del capitalismo porque le cierra perspectiva en el futuro inmediato. Un tiempo donde el espacio para la creación humana, que es lo que justifica el progreso social, ha entrado en decadencia irreversible. Proceso de degradación social que contradice antagónicamente los avances tecnológicos y científicos de la civilización incumpliendo entonces el necesario curso del desarrollo materialista dialéctico de la historia. El mismo que hace 350 años justificó a la burguesía capitalista ante el feudalismo y su atraso productivo.

La rebelión de la juventud, por lo anterior, se expresa en todo el mundo en distintos niveles, faces culturales, políticas nacionales, regionales, hemisféricas, sin mostrar desazón ante el desorden del publicitado “nuevo orden mundial” con que el capitalismo auguró el fin de las ideologías y de la historia. La juventud del mundo contesta con optimismo y confianza acerca del porvenir de la humanidad. No decrece, se paraliza o somete ante la crisis de la economía capitalista y su tragedia por la pérdida de la credibilidad social que estructura la vida de cualquier sociedad en la historia. El capitalismo, su dirección política, atraviesa este proceso en sus organismos: ONU, FMI, la OTAN, el G20, el Banco Mundial, y sus desacreditados socios menores, la OEA y los gobiernos que los defienden aferrándose a ellos como tabla de salvación. Quién cree en la función de las Naciones Unidas, cuando ampara invasión de países, convalida gobiernos espurios y es parte actoral del teatro de la miseria de la política del sistema. Hay un progreso en la conciencia de la humanidad de que se vive el fin de un ciclo sin tener funcionando lo nuevo, pero sí con las experiencias realizadas y los progresos alcanzados en algunos países, siendo éstos seguridad e imagen de progreso de la vida de que sí es posible alcanzarlo.

La juventud, en su indignación va rompiendo las barreras de las distancias como acercando los tiempos porque, como previeron Marx y Engels en cuanto al papel del proletariado “no tiene nada que perder, solo las cadenas”, y la juventud del mundo como género así reacciona, teniendo o no función en la producción del PBI mundial. No se paraliza al descifrar la crisis de la sociedad capitalista, a la que no siente como propia, y avanza desigual, combinada y permanentemente en la construcción del tejido social de la nueva en construcción.

Eso es España, Grecia, Chile, Egipto, EE.UU, pero en todo el mundo se expresa , unos en la construcción de la nueva sociedad; otros, en el mismo camino con la rebelión se unen en la lucha de clases con la otra rebelión que es la de “las fuerzas productivas” que hace que a cada progreso productivo de la humanidad uniendo el valor del trabajo en todas sus fases, el capitalismo financiero que ya no puede generar “mercado” ahonde su crisis. Y esa realidad está viva en las acciones de los “indignados”, “anonimus” del mundo. Es a eso que el sistema responde con el “SOPA” del imperialismo de los EE.UU. que conscientemente lo hace para coartar el pensamiento en la permanente creación humana, la que al actual sistema no solo no le sirve, sino que le va en contra al permitir desenvolver la cultura armoniosa de las relaciones humanas, sin excluidos, marginados, explotados ni explotadores. Por ello el SOPA es una acción política contra la humanidad.

Como venimos editorialmente planteando en números anteriores de Conclusiones, el proceso histórico de la humanidad, su civilización que incluye producción, productividad, mercado social e ideología con cultura y política revolucionaria, ha entrado desde 1989 en el curso de “sinceramiento”. Los tiempos y espacios ahora tienen la dinámica de la concentración de un resorte social que se comprime para pegar con fuerza concentrada dialécticamente el salto necesario al progreso de una nueva sociedad socialista.

Que la crisis capitalista la discutan – y sin poder resolverla en beneficio de la humanidad-, los capitalistas y sus tontos útiles, funcionales a ese poder en caída. Nosotros, como los jóvenes y los trabajadores del mundo, pensamos y organizamos una nueva sociedad socialista.

Se está produciendo un revolucionario cambio en la permanente construcción de la civilización, el papel ni único o exclusivo de la juventud pero que sí tiene rol fundamental que brilla como aquel “Faro que ilumina el mundo” como dijo V.I. Lenin. Es la confianza de que seremos capaces de derrotar la guerra atómica que prepara el imperialismo, con la alegría y el combate permanente de los pueblos del mundo. “La indignada rebelión de la juventud del mundo” es una articulación necesaria y herramienta que debemos apoyar. Una exigencia para toda la sociedad es comprender este tiempo y espacios del progreso, su esencial relación dialéctica con la vida para poder, no solo interpretar intelectualmente este curso, sino para ser parte de él.

El director, LC.

 

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