EL 8N O LA CONTRAMARCHA AL PROGRESO SOCIAL

El desarrollo de la economía con crecimiento distributivo social de la renta no tiene garantía de estabilidad como de superación de la lucha de clases. La economía nacional que depende necesariamente, por ahora, de las leyes económicas en la relación mundial de producción está atada al sistema capitalista mundial. Ello genera contradicciones que se fijan por crecimiento, expansión y crisis en sus límites por lo que evolucionan a antagónicos al objetivo político del programa o modelo económico de transición, si éste no avanza en medidas de distribución que afirmen, no solo sueldos y salarios, sino la tenencia de la propiedad en forma social. No hacerlo conduce inevitablemente al final del “progresismo burgués”.

El país viene de ser destruido en su estructura económica productiva, llegando a estar endeudado en hasta 1,65 veces su PBI, con un Estado Nacional postrado ante las grandes trasnacionales financieras y empresarias exportadoras de bienes y servicios. Esto se expresaba en el 25% de desocupación y 60% de pobreza. No era solo un error, de políticas económicas equivocadas, sino las consecuencias de una etapa final del sistema capitalista y su dirección imperialista que necesitaba eliminar los Estados Nacionales como la independencia productiva, industrial, minera, agraria, marítima, aérea de los países. Crisis que se sigue viviendo en Europa y los EEUU, en particular en su estructura a la que debía centralizadamente aplicar una política de dominio mundial que era y es una necesidad del sistema capitalista porque enfrenta, como nunca antes, en esta etapa final de su ciclo histórico la disputa del curso a dos fuerzas que no puede controlar: La rebelión de las fuerzas productivas y la lucha mundial de clases.

Y aquí aparece en particular el papel de la pequeña burguesía que aspirando a ser “burguesa” solo accede a ciertos beneficios en la captación de la renta nacional, pero queda en forma cultural con lo más reaccionario de sus aspiraciones en lo que no puede ser: burguesía. Entonces actúa contra el progreso social mirándose el ombligo de su estómago económico y social insatisfecho. Y desde esa ubicación socio política asume el papel de contrarrevolución que su dirigencia política no se anima, o no puede ejercer porque es ínfima minoría de la sociedad.

Ello no exime de los errores o limitaciones que se cometan desde el campo Nacional y Popular en programa o política. Por el contrario, como afirman los compañer@s Hugo Chávez, Cristina Fernández de Kirchner, Dilma Rousseff, Evo Morales, Rafael Correa, José Mujica, etc., hay que superar la corrupción, la burocracia, el clientelismo y el despilfarro permanente que propone una ciega sociedad de consumo. La clase media y la aristocracia en el campo de los trabajadores, como el lumpen proletariado, son consecuencia de estos factores que los Estados nacionales Populares y Democráticos tienen que superar para eliminar las contradicciones, como por ejemplo en el país, donde una parte de esa clase media, que en 9 años ha doblado su potencial social llegando a casi 19 millones de habitantes, pueda ser manipulada o termine siendo dirigida por la oligarquía financiera, empresarial, mediática de las corporaciones.

Aun siendo una minoría social sin programa político-económico en verdadera oposición al actual del gobierno y del cual se benefició en primera persona, ese sector fue el que acompañó la contramarcha al progreso del 8N. Pero de él una gran parte puede ser ganada socialmente a no ser “carne de cañón” de la oligarquía y las corporaciones desarrollando una política correcta desde el gobierno y los partidos y movimientos sociales del campo nacional, popular y democrático.

EL ACTUAL PAPEL DEL CAPITAL Y EL TRABAJO EN EL CAMINO AL SOCIALISMO

El desenvolvimiento del curso de la historia de la civilización humana tiene, o si se quiere ha tropezado, con que al avanzar genera contradicciones que plantean la evolución de la sociedad, que es la de su permanente transformación. Curso imparable, dialéctico, natural al progreso que esto representa en lo que desaparece evolucionando en su función primaria, en distintos estadios de la lógica transición. Este curso permanente cambia el eje estructural de la organización social y su modo de producción, que ya ha dejado de ser factor de progreso en el desarrollo del curso histórico.

La línea que divide esta etapa en fases casi invisibles, es imperceptible como desigual y combinada en su expresión social, por lo que produce históricamente en las direcciones contradicciones y políticas contradictorias al razonamiento dialectico para poder interpretarla y así ejercer genuinamente el papel de dirección política de ese curso social y económico. El valor incalculable de C. Marx y F. Engels es que justamente analizando con la objetividad de la clase proletaria que generaba el sistema capitalista y que ellos representan, elevarían a la política y el programa para la construcción de la nueva sociedad la diaria disputa social de la lucha de clases. No era solo interpretarla en la filosofía sino aplicarla a la realidad social siempre cambiante en la historia. Ellos elaboraron el análisis científico aplicado con una herramienta, que es el materialismo dialectico, como el método para poder interpretarlas etapas del curso histórico y sus fases en base al estudio de su estructura no circunstancial sino como parte de la evolución y así poder construir la política que permita hacer al menor costo y tiempo las transformaciones. Lo que corresponde dialécticamente como la síntesis de los contrarios de acuerdo a la concepción materialista del desarrollo de la sociedad, como al menor costo para la humanidad.

Por ello, y como base para poder interpretar el curso objetivo de la época y su sociedad, el marxismo analiza el campo del trabajo y el valor de su acumulación en la mercancía socialmente en función de la economía que, por su naturaleza, el capitalismo organiza, y demostrando que ésta socialmente se divide en clases, no es homogénea ni menos justa o armónica en la relación entre productores y consumidores. No ver y pensar que esta condición innata al capitalismo, -industrialista en los últimos 300 años, pero cuya generación se remonta y parte de la ley del derecho de propiedad, con miles de años en sus diferentes etapas desde la sociedad esclavista hasta la actual-, ha dejado de tener valor de referencia como político para la vida de hoy, porque con el desenvolvimiento de la civilización en la alta tecnología, la cibernética, informática o más recientemente la física cuántica y la nanotecnología se ha modificado la forma de producir, es sencillamente mirar con el larga vista al revés. Porque lo central de este curso no ha cambiado, que es la naturaleza estructural de la clase explotadora que centraliza en sus manos la economía como forma natural a la necesidad de la producción. Cuando en el progreso de la humanidad la contradicción de la sociedad capitalista es que, al no poder justificarse la producción colectiva con, la apropiación individual ello genera antagonismo con el progreso en todas sus formas. Es no ver la realidad de la historia que es lo mismo que mirar hacia el sol tapándolo con una hojita de parra y decir que no existe más. El capitalismo es conclusión final de la primigenia etapa de la propiedad privada de los medios de producción colectivos con apropiación y distribución individual como factor de poder social.

LA HEGEMONIA DEL CAPITAL SOBRE EL TRABAJO

Por eso, cuando aparecen los que, doblemente para defender el sistema capitalista hacen una gambeta a la inteligencia, se auto titulan de “pos marxistas” y empequeñecen el campo político de la visión social y su constitución en clases, y desde allí, como magos de barrio, hacen desaparecer las leyes que rigen la economía del sistema capitalista que es la del valor, y el papel de la fuerza del trabajo, estructural generador de esa ley que es imprescindible a la concentración del capital. Y segundo, que ello genera la división en clases de su sociedad en forma universal. Condición que explica en su funcionamiento que nacionalmente es lo que limita al campo burgués como mundial y concentradamente en esta etapa es el imperialismo. Esas son las empresas trasnacionales y sus organismos de aplicación de esa política universal. Por ello sencillamente desconocen la realidad objetiva del curso actual del mundo.

Hablan de la crisis del capitalismo y su imposibilidad de dar una salida de progreso sin cambio social, como de la imposibilidad sistémica capitalista de no tener que eliminar a lo que “sobra y no forma mercado” en todo el mundo. Esto nos exime de poner ejemplos, porque basta leer la misma prensa mundial y nacional del sistema.

Para esto, en nuestro criterio, malos analistas de la realidad y peores previsores del futuro inmediato, para ellos el problema es que “Marx no previó la desaparición del movimiento obrero y su función productiva y revolucionaria a la vez”, el papel del proletariado como clase. Teoría política y filosófica que se queda afuera del tiempo y espacio actuales y recuerda a aquellos profetas del apocalipsis del “fin de las ideologías”, etc., porque se nutren utópicamente, como parte de la gelatina blandengue que quiere encontrar una salida intermedia a la contradicción del sistema capitalista que ya es mundialmente antagónico con el desarrollo social.

LA DISCUSION ES COMO DESENVOLVER LA ETAPA DE TRANSICIÓN

Nosotros venimos analizando y escribiendo desde 1988, cuando los partidos comunistas y socialistas abandonaban el marxismo, cuando en Europa se teorizaba acerca del papel de la clase obrera que ellos veían desaparecer superada por la “tecnología y robotización productiva”, o peor aún conservadorizadas, ganadas al fascismo o la xenofobia por el trabajo. Nosotros planteamos que lejos de desaparecer el papel del productor obrer@s en la construcción del producto bruto mundial, en su crisis el capitalismo “proletariza” a las clases medias aunque mantiene la alienación social y cultural de los que son su base de apoyo. El ejemplo de la pauperización de grandes masas de trabajadores de ingresos medios y medios altos, se vio en Argentina a fines de los 90 y el 2000/01, donde la clase media confiscada por el sistema salió a la calle uniéndose al resto de los trabajadores. Hoy, el mismo curso se da en los EEUU y Europa, donde el Estado asume la crisis y su burbuja financiera que es la manera directa de generalizarla sobre toda la población trabajadora que no la generó ni se benefició en forma alguna. Y ello es porque la economía mundial, que no se globaliza ahora porque siempre funcionó así el sistema económico mundial capitalista, pero que en esta etapa se concentra en las empresas trasnacionales y su dirección política en la banca y financieras especulativas. Como hace Alemania, Inglaterra, en menor grado Francia, en base los acuerdos de Maastricht que someten a todo el resto de los países de Europa con el Euro y la planificada venta de su producción industrial y de servicios eliminando el desarrollo nacional como generando endeudamiento de los países que someten su desarrollo transformándose en importadores de cosas que muchas veces no necesitan, como el armamento (caso Grecia) y deudores de estas potencias del sistema que incluye a Gran Bretaña y su “libre libra esterlina”.

Sin embargo este curso del capitalismo esconde y prostituye lo que es una lógica productiva de la sociedad y su civilización, que es la planificación mundial del PBI. Proceso expresión del progreso de la civilización como del antagonismo del sistema con ello, y que se apoya en el crecimiento y enorme potencial del PBI mundial con el desarrollo de la producción y productividad industrial-tecnológica-informática, que necesita generar el “mercado de consumo” que, existiendo la necesidad en las dos terceras parte de la humanidad, el sistema capitalista no puede ya generarlo y a la postre termina, además de altamente especulativo, en una enorme “burbuja financiera” imposible de controlar, que es descargada sobre esas dos terceras partes de la humanidad, como castigo de una economía en la que esta sociedad de miles de millones de seres humanos no tiene ninguna responsabilidad porque la dirigen y hegemonizan las corporaciones mundiales del sistema. Humanidad que sí tiene la responsabilidad y posibilidad de, organizándose, cambiar el eje del poder.

EL PAPEL REVOLUCIONARIO DEL ESTADO NACIONAL Y LA INTEGRACION REGIONAL

En esto curso los Estados Nacionales, particularmente en la necesaria Integración de América Latina como analizó J.Posadas en su libro“EL DESARROLLO ECONÓMICO, LA DEMOCRACIA Y LA LUCHA POR EL SOCIALISMO EN AMERICA LATINA”del año 1977, tienen papel fundamental. La Integración Regional, como la Unidad Nacional en torno a un programa de desarrollo interno y regional, es fundamental para salir de la trampa final de las corporaciones mundiales del sistema, del FMI, el BM, etc.

El Estado Nacional actual es revolucionario o seguirá siendo un administrador de la política imperialista y trasnacional del sistema, como hasta antes de todo este curso de liberación nacional y popular que se instala desde el 25 de mayo del 2003, y que se apoya y basa políticamente en las fuerzas sociales “del curso peronista proletario comunista” (J.Posadas 1952).

Y es en este sentido que apoyamos la política de desarrollo nacional con una política distributiva del gobierno de la compañera Cristina Fernández de Kirchner. En este curso se va profundizando la independencia económica con la necesaria socialización de la economía como se expresa en la voz del vice Ministro de Economía, Axel Kicillof, acerca del control del gobierno sobre las subvenciones a empresas particulares y el papel del Estado Nacional: “Esta herramienta servirá para que no haya un Estado bobo que otorgue beneficios y no espere resultados (..,). La intervención estatal tiene que ser inteligente”. Que significa apoyar el desarrollo de la economía, la industrialización y el nivel de vida de la población pero dirigiendo (planificando) y controlando que esta acción del Estado no vaya a los bolsillos de las corporaciones y trasnacionales financieras. Que no fue solo las privatizaciones de la era menemista, sino una política de estado sostenida en los últimos 55 años, con pocas excepciones.

El valor de la “Rebelión de las Fuerzas Productivas”, que nosotros hemos expuesto en nuestros Editoriales ya desde hace muchos años, expresa el comienzo del fin de la hegemonía del capitalista sobre la clase productora. Al mismo tiempo se explica hoy en la teoría a la realidad de la crisis mundial con la herramienta del marxismo. Curso que no es otra cosa que el imparable desarrollo de las fuerzas de la sociedad para construir una nueva etapa de la historia de la humanidad. Cosa que pasó siempre entre el fin de y el comienzo de los regímenes sociales anteriores, aun cuando en ellos se mantuvo el valor individual de la propiedad de los medios de producción, castrándose así la libertad de las fuerzas productivas y que éstas generen por sí mismas el consumo.

EL INTENTO DE CONSTRUIR EL CONTRAPROGRESO SOCIAL

La reciente marcha del 8N aglutinó un limitado espacio social y de poco peso político en lo que hace a la construcción diaria del PBI, por más que la prensa mediática del sistema corporativo intentó hacer de ella un tribunal “social” (¿?) al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Por eso este 8N no alcanzó para su objetivo disgregador social por el nivel de dispar, y sin política y programa en la protesta de un núcleo social, que no representando al 80% de la población, buscó afirmarse en ello como la expresión generalizada de distintos sectores de la sociedad. Y menos aún de las clases productoras como explotadas del sistema que ignoraron este llamado. Lo que afloró una vez más fue el sentido de clase culturalmente sometida a una aspiración burguesa de esos manifestantes, que por más que se sientan y actúen como parte del establishment corporativo del poder económico nacional y trasnacional finalmente solo son “carne de cañón” de los que desde los medios los azuzan pero se esconden en un anonimato corporativo.

Pero esto, en nuestra opinión, no se debe dejar afuera del análisis contradicciones políticas y económicas que se conllevan desde el gobierno con el progreso social. La derecha política aliada a pequeños sectores seudo revolucionarios, la CGT de Moyano y la CTA de Michelli, la FAA, Mesa de Enlace ruralista, etcétera, buscan armar una cuadro político de acción contrarrevolucionaria apoyados en los límites de una estrategia política basada en la permanente búsqueda de “un capitalismo bueno” que el funcionamiento del sistema capitalista impone -aunque estos límites sean circunstanciales en el tiempo-, a la política nacional y popular.

En nuestro análisis, estas marchas en CABA y algunas capitales de provincias argentinas, no lograron reunir ni a millones como pretendían ni tampoco fue cohesionada en un mismo sentido o reclamo. Lo variopinto se representa programáticamente a sí mismo por su ausencia, al no tener explicación de reclamo social, material, de esta parte de la población. Sector en su mayoría altamente beneficiado económicamente por la política gubernamental en estos 9 años. Por ello las declaraciones de la mayoría que rompieron el corsé que les habían impuesto los organizadores para que no se expresaran o hablaran, eran pueriles, tragicómicos para la realidad del país, más para una noche en Disney World -donde suelen ir- que en la avenida 9 de Julio, porque reclamaban lo que gozan y tienen mayoritariamente como sector social que dobló su crecimiento económico en los últimos años.

“La reciente marcha del 8N aglutinó un limitado espacio social y de poco peso político en lo que hace a la construcción diaria del PBI, por más que la prensa mediática del sistema corporativo intentó hacer de ella un tribunal “social” (¿?) al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.”

Todo este curso, en nuestro análisis contrariamente a los planes de los organizadores, abrió una fase social deliberativa que alienta la participación popular donde aparecerá con enorme fuerza desde los sectores más desposeídos de la sociedad en el capitalismo la discusión política de “qué queremos y adónde vamos” en esta etapa de transición. Un progreso al interior de la sociedad de los trabajadores que buscará romper la hegemonía del sistema de las corporaciones nacionales y extranjeras. Lo que será el tema central de la vida del país en el cual las elecciones son un peldaño más de ese curso pero no el centro, porque éste va en camino de la abierta disputa del “poder” hasta ahora hegemónico de los sectores de la burguesía socia del imperialismo.

Por ello nosotros vemos en nuestros análisis que este curso va madurando y engrandeciéndose con el objetivo inmediato de enterrar la República hecha al modelo de la Constitución de 1853 y reformada en 1994 bajo la dirección neoliberal en aplicación de las órdenes del “Consenso de Washington”, con la nueva etapa que desde el movimiento nacional, popular y democrático deberá refundar la República. Y ello es llamando a una Asamblea Constituyente donde el pueblo en sus delegados representantes de todas las fuerzas que compone la nación y la sociedad, no solo los “profesionales del sistema”, reabran la historia y surja una nueva Constitución acorde a este espacio y tiempo del país y el mundo.

LA DEBILIDAD EN LA NUEVA CONSTRUCCIÓN ES LA FUERZA DE LA CONTRARREVOLUCIÓN

Al poner desde los medios de prensa corporativos, los partidos de la oposición burguesa y los de seudo izquierda junto a parte de la burocracia sindical, todo su potencial en la realización de esta “marcha”, A SU VEZ TAMBIÉN FIJARON UNA LINEA DIVISORIA EN LA NATURAL LUCHA DE CLASES. Curso costoso por las fuerzas que involucra socialmente para la derecha y los “centristas” -que “ponen huevos en todas las canastas”- el poder remontar en un antes y después un curso político como el argentino, que es en su esencia y naturaleza de clase Nacional, Popular y Democrático que avanza revolucionariamente, lo que significa en nuestra opinión EL MEJOR SALDO FAVORABLE A SU PROGRESO. Cumpliéndose así en su estructura otra previsión del análisis y de la concepción materialista dialéctica de la historia.

Los contrarios desenvuelven en la crisis la forma superior que evolutivamente negando lo anterior es parte de él, un proceso que va camino a su construcción en el país. Y es en nuestra opinión, la necesaria profundización programática del modelo del gobierno y ello se concentrará en la reconstrucción de la Nación, en la República de Iguales apoyada en un Estado revolucionario tan necesario como imprescindible.

Por ello la oposición de la derecha y sus aliados, tienen en contra a sí mismos, porque querer juntar a la SRA, la Mesa de Enlace Oligárquica de los patrones del campo, con las bases políticas de partidos como la UCR, PS, Proyecto y Libres del Sur y otros, y en particular a la “seudo izquierda” cuyos militantes son honestos y revolucionarios en su inmensa mayoría, no solo es contra natura, sino absolutamente sin objetivos con el curso subjetivo que significa la construcción de cualquier dirección social. Y por ello fracasa una y otra vez el peronismo pejotista, aliado al poder de las corporaciones nacionales y extranjeras. Y esto que JD Perón lo vio y vivió en su último gobierno no tiene posibilidad histórica de que se vuelva a reproducir porque son otras las condiciones internas e internacionales del funcionamiento del sistema capitalista. Aun sin la URSS y los llamados “países socialistas”, el capitalismo hace agua en medio de la hermosa tormenta que alientan los pueblos del mundo por su liberación, como además cumpliéndose, por primera vez en la historia, la aparición cada día más vigorosa que nunca de LA REBELION DE LAS FUERZAS PRODUCTIVAS, que previeron Marx y Engels, y que los posadistas venimos analizando y planteando en los últimos 25 años.

Es desde nuestro análisis, en este cuadro que pretende ser absolutamente objetivo, que aparece claramente cómo la fuerza de la contrarrevolución no le es propia sino que se incuba en las contradicciones de nuestro campo nacional y popular. Contradicciones que son utilizadas, como alentadas y organizadas políticamente como este 8N y otros que vendrán, porque cuentan con el poder económico propio nacional y extranjero, como aún del control de la economía. Una economía que, aun avanzando en muchos aspectos, no ha cambiado su naturaleza de clase permitiéndole al pequeño sector del poder financiero empresarial, nacional e imperialista, ejercer un doble control del desarrollo del progreso del país.

Se ha avanzado en el funcionamiento del Banco Central y su papel en el desarrollo del país, se rompió la dependencia del FMI, el BM, etc., se diversificó el comercio exterior al mismo tiempo que se concentró en los países del Mercosur, la Integración Regional, una alianza táctica con los países del BRICS, etc. Pero aún el dominio de las inversiones y el control de capitales lo ejerce el funcionamiento concentrado del capitalismo.

Es necesario elevar una nueva economía basada en la fuerza del trabajo, que conviva por un tiempo con el valor del capital, pero que vaya desenvolviéndose independiente de éste como negándole el poder de decisión política, como ahora con estas y otras marchas intentarán ejercer desde ese mismo poder que aún conservan, en gran parte por nuestra debilidad de ir más a fondo en el proyecto y programa nacional, popular y revolucionariamente democrático.

LO QUE SE VIENE ES LA DERECHA TRATANDO DE TAPAR SU FRACASO CON NUEVAS ACCIONES

Esta marcha del 8N fracasa en lo principal que es no poder arrastrar a millones en todo el país. Y por el contrario libera fuerzas desde el campo Nacional, Popular y Democráticamente revolucionario que tiene la posibilidad histórica de separar “la paja del trigo” desde adentro de su propia estructura política. Una situación cuyo costo no es siempre bien valorizado por las direcciones políticas, sindicales, sociales.

Lo del 8N fue un intento de organizar nacionalmente un polo político de contra marcha al progreso social. El núcleo central de esta marcha expresó la opinión política minoritaria en la sociedad desde el campo de la clase oligárquica, burguesa y pequeño burguesía alta, que sí pudo arrastrar parcialmente a capas medias bajas de la sociedad. Sectores sociales del campo de los explotados del sistema que son parte del campo popular en la lucha de clases y que alienados culturalmente actúan en función negativa a sus propios intereses y que en su inmensa mayoría son reganables al proceso de progreso. Más allá que son directas beneficiarias del programa económico y la democracia actual, como que serán arrastradas por la marea del progreso social y van a jugar dentro del campo Nacional y Popular en el curso de refundación de la Nación, en una nueva República Democrática.

Porque esta, que nosotros denominamos “contra marcha al progreso social” expresa la condición social y su definición política del campo reaccionario, conservador que ha sido el beneficiario de esa socialmente agónica Constitución en que se apoyaron como parte de la sumisión a la geopolítica internacional del imperialismo. Y de cara a esa realidad objetiva que tienen que defender en su condición social y económica estos sectores que nada tienen en común con la actual república nacida en la Constitución de 1853 y la Reforma neoliberal de 1994.

Sin embargo hay que analizar, desde nuestra opinión, que la presencia de una parte baja de la clase media sí mostró carencias en abordar, y darle respuesta social y política revolucionarias que los ganen, y que adolecemos desde nuestro campo. Por ello la dirección política a través de su ejército mediático centró en los problemas de la “inseguridad social”, el trabajo en “negro” o pagos clandestinos por la fuerza de trabajo, el impuesto a las ganancias, el aumento del costo de vida. Todo un curso del sistema capitalista en el que las cadenas formadoras de precio hacen el doble juego de ganar exorbitantemente por un lado, al mismo tiempo que le generan contradicción al gobierno y la sociedad. Como el problema de la tierra y hábitat de millones de familias en todo el país que carecen de vivienda y o tierra para hacerse su casa, y que en las grandes ciudades se expresa en el permanente aumento de los alquileres que encarecen la vida de millones al mismo tiempo que desde el Estado, con políticas correctas de subsidios terminan beneficiando a las trasnacionales inmobiliarias de la construcción cuando se permitía, y aún subsisten algunas puertas de salida por no haber sido modificadas leyes centrales, la exportación de divisas.

Por eso los que azuzan en los medios de prensa como parte de los monopolios corporativos son los “capitales calientes” que venían a invertir (¿?) y en pocos meses sacar tres veces el valor de su “inversión”, cosa que no pueden hacer en ninguna parte del mundo capitalista. Lo que llaman “el cepo cambiario” es en realidad una medida lógica económicamente y revolucionaria socialmente –creemos necesario plantear en la etapa de transición la aplicación del Monopolio del Comercio Exterior, un IAPI en tiempos y espacios actuales-, que le pone un Control del Estado a la exportación de las divisas. Porque la actual política económica deja las puertas abiertas a la especulación financiera y es aprovechada por las trasnacionales de todo tipo, y en particular las que se benefician del subsidio a los servicios como electricidad, gas, agua, transporte, etc. Todos puntos comunes y afines a toda la sociedad, pero los que más sufren este curso desigual y combinado del proceso nacional y popular son los trabajadores y una parte de la clase media.

La inseguridad social es parte de estas contradicciones que se generan en toda etapa de transición. No es nada nuevo que el capitalismo, que divide a la sociedad en clases, genere delincuencia en todos los niveles, y además cree una cultura de la acumulación individual por sobre el interés social. Por eso J.Posadas decía -en las etapas de gobiernos de J.D. Perón entre 1946/55-, que “lo que estructura la sociedad actual, es el peso decisivo del movimiento obrero. Es la cultura del proletariado y la solidaridad como clase, y eso es la base del peronismo-comunista de millones, y por la misma razón es que el imperialismo y sus aliados internos quieren destruirlo, liquidar las industrias y la independencia productiva”.

Por ello que es necesario abrir esta discusión, como lo hacen compañeros desde el gobierno, empezando por la compañera presidenta Cristina Fernández de Kirchner. La reacción busca fijar “la agenda” de la vida del país a través de los medios, quiere sacar de este curso la discusión que es el cambio ahora del necesario desarrollo económico, político y social. La derecha política y su corporación mediática lo quiere centrar en plantear la “re-reelección presidencial”, cuando la discusión es de una nueva Constitución que exprese el tiempo y los espacios abiertos, y no de la hipotética re-reelección como eje de la reforma o nueva constitución. Pero dejamos claro que, aunque no está planteada ahora por el gobierno, ciertamente apoyaríamos si se diera el caso de la re-reelección de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Creemos que éste es el curso necesario para afirmar las conquistas de estos 8 años, como también que una conclusión de esta contramarcha del 8N, es plantearse como lucha política el refundar la república basada en las experiencias de estos 200 años en el país y el mundo. De la necesaria rehabilitación y profundización de la progresiva Constitución de 1949, en línea con lo que plantean hoy, por un lado la crisis mundial capitalista, de esa “sociedad que se derrumba” como expresa la compañera presidenta, y por el otro la nueva sociedad que se está gestando en el mundo con la Integración Regional, el Banco del Sur y la Moneda Única, el MERCOSUR, La UNASUR y el CELAC en primera posición de necesidad.

En este curso, que es desigual y combinado, aparece con toda fuerza para derrotar y enterrar la hegemonía de la sociedad conservadora y corporativa el papel de la Sociedad Civil de la que hablaban Marx y Engels, y hoy son las organizaciones políticas, sindicales, los movimientos sociales para, no solo delinear el modelo en aplicación, sino profundizarlo con medidas económicas y sociales que respondan a las necesidades objetivas del progreso del país.

El 8N fue pensado, como el 13 de septiembre, como instrumento de destrucción de ese curso, pero termina políticamente liberando fuerzas como dejando claro y establecido dónde están los campos de los que quieren volver al pasado y sostener la vieja república de los desiguales y los que queremos la armonía de una nueva república en una sociedad igualitaria, y así y a su pesar la contramarcha del 8N y todo lo que vendrá irá abriendo los cauces a necesaria profundización de lo ya alcanzado. Y el eje de esa profundización no es otro que la participación orgánica y organizada de la inmensa mayoría de la población que hace el PBI y genera la renta nacional.

En este proceso el 7D es una parte de la reconstrucción del papel de una democracia acotada a las corporaciones en el sujeto de la libre expresión, a una construcción de libertad no formal de la ideas y el derecho a la información, sino también de que esa libertad y derecho se exprese en la reformulación de la estructura económica productiva. Es una economía que, pluralista, de transición a una socialmente superior, sea una disputa de poder productivo y organización distributiva equitativa. Que rompa aquello de “a cada uno según su capacidad de apropiación” del capitalismo, por la otra de “a cada uno según su necesidad”, que fue la base del pensamiento de Eva Duarte de Perón cuando dijo “donde hay una necesidad, nace un derecho”.

Estamos en la fase de transición de un Estado conservador, que administrativamente responde a la clase dominante, hegemónica aún en el poder económico, pero en declive política y socialmente; exige de la discusión del nuevo Estado en construcción una relación en sentido opuesto a todo lo que signifique el pasado que se quiere enterrar. Por eso el 8N y sus livianas consecuencias expresan en sentido contrario y dialécticamente un avance en la transición política y social del Estado y del país.

10 de noviembre de 2012

León Cristalli – Director de la Revista Conclusiones

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