A FAVOR DE LA CORRIENTE

Revista Conclusiones Nº 21 | Marzo 2007

EDITORI@L

La historia de la civilización  humana es una permanente acumulación de marchas y contramarchas, pero de este curso siempre la humanidad ha partido de la fase superior anterior. Etapas en las que se disparan factores negativos y positivos que hacen una sociedad en permanente evolución, para el pensamiento de esta revista, confirmando los análisis teóricos del pensamiento marxista del desarrollo histórico materialista dialéctico.

Esto no es novedad, sino casi una obviedad editorializarlo, sin embargo y como el “pero” siempre existe en todo escrito, la fase actual de la etapa final de todo un curso de la organización social y la civilización, lo que para algunos se plantea como de una etapa “contra la corriente”, nosotros la hemos venido analizando desde estas páginas exactamente en forma opuesta. La etapa en la que León Trotsky planteó la “contracorriente”, era del reflujo de la lucha de clases, los fracasos de las revolución alemana, como la aparición y poder de la burocracia en la Revolución Rusa aliada al stalinismo, y el desarrollo del fascismo y nazismo en la Europa de la década de los 30 y 40 del siglo XX. Allí el análisis de Trotsky se basaba en que era necesario sostener las ideas y el pensamiento marxista revolucionario “contra la corriente” de la adaptación y sometimiento al capitalismo. Pero ver ahora, en que la humanidad ha entrado en un retroimpulso “a favor de la corriente” del progreso histórico de su sociedad, una etapa “contra la corriente” es en nuestro opinión, como mínimo, un desatino de la realidad social del mundo.

Las bases de este curso en pleno desenvolvimiento, es que han sido superados, en la conciencia social, las trabas, inseguridades y sometimientos en todos los planos, ideológicos, teológicos y económicos finalmente. Esta humanidad ya desarrolló las bases necesaria para ponerse como objetivo una nueva sociedad, capaz de superar las contradicciones de su organización primaria y luego antagonismo con la vida colectiva, cuando desenvuelve el interés individual por sobre el colectivo del comunismo primitivo con que avanza cambiando su vida animal y relación con la naturaleza.

Los problemas de la ecología y la supervivencia, del sostenimiento sustentado de la vida en la Tierra, se están planteando por el sistema capitalista-imperialista en forma opuesta a la “corriente social y su conciencia colectiva” que en el todo el globo terráqueo, con la lucha de clase se opone a la destrucción de la vida. El sistema lo está planteando como un problema del ser humano,  y no de las relaciones de la sociedad actual y lo que ésta genera. Una sociedad producto de la humanidad que le dio origen, que mantiene aún como eje de la organización social, el eslabón más primario de la existencia: la vida, supervivencia individual como arrastre de su pasado animal.

El capitalismo, como todos los anteriores, es un estado de funcionamiento de la sociedad absolutamente estructurado sobre la inseguridad, el miedo y finalmente terror a la desaparición del individuo. Todo en este sistema obliga al “ser” el intentar ser poderoso en todos los sentidos materiales y luego pensar, como analiza Plejanov. Necesita tener poder de decisión plena para concentrar lo material y eso es lo que producen los demás. El brujo de la primitiva organización social en el plano del naciente estado con poder sobre el individuo, y luego la familia como motor de generación de unidad primaria de la propiedad surgen, y son una necesidad hace miles de años. Pero ahora la familia ha pasado a ser una sociedad anónima, se ha desgastado con el tiempo y se transforma en una carga para el sistema en su etapa final. Y aun la Iglesia y en general las religiones, pero en especial la católica que se acunó y desarrolla en los 20 siglos con el capitalismo, está en crisis en todo el mundo. Quienes han sido socios, elemento y factor de dominación de la conciencia por un poder superior, no pueden imponer a la humanidad la “aceptación de las condiciones de vida impuestas” por una sociedad desigual, que dirigen y benefician a unos pocos con el poder político y militar.

Una civilización que en dos mil años ha mostrado no poder escapar a las reglas de la dialéctica de la existencia ni al materialismo de las relaciones de clase. En este siglo XXI, lejos de ir contra la corriente del progreso histórico, se avanza positiva y profundamente en el objetivo del progreso, condición que empieza al dar sentido colectivo a la vida para organizar la nueva sociedad y civilización que exprese esta relación. En síntesis EL SOCIALISMO.

Los factores esenciales, motores de la economía, la ciencia, la cultura son reflejo claro de la necesidad política del cambio estructural. Un curso revolucionario plagado de desigualdades y contradicciones, sin duda, pero que son las que van cada vez menos decidiendo, sino la armonía de una conciencia socialista mundial globalizada por las luchas permanentes en todos los continentes. También la rebelión de las fuerzas productivas genera crisis insalvables para el sistema, y avanza rápidamente destruyendo el funcionamiento capitalista. A cada progreso en la ciencia y la cultura aparece su réplica en la política. El fracaso del imperialismo norteamericano en Irak –representando a todo el sistema capitalista-, no es acaso muestra elocuente? El imperio económico y militar más grande de la historia de la civilización ha perdido en lo militar, social, económico, como en lo político, autoridad y respeto de la humanidad. Y lo más catastrófico a todo imperio, ante sí mismo. Por eso Bush no es casual, sino causal de este crisis.

Los problemas de la humanidad, en nuestra opinión, pasan por cómo detener las manos atómicas del imperialismo, sin detener ninguna de las millones expresiones de progreso que esta misma civilización genera como forma concreta de la “inteligencia humana”, y no de capacidad del sistema. Una contradicción en tiempo y espacio actual, en la que se apoyan los defensores de la inmovilidad social para defender al sistema agónico, y por esta razón ven la etapa actual como  “contra la corriente”, siendo opuesta la realidad del mundo. El sistema imperialista tiene fuerzas económicas, industriales, atómicas pero no cuenta ya con tiempo histórico, y ni con seguro apoyo de las burguesías nativas, y el pueblo norteamericano. El mundo que ve que la continuidad política de Bush y compañía, siendo la única que le queda al sistema, no da garantías a la vida.

La inseguridad social es ahora, con el desarrollo globalizado de la economía,  tecnología e informática, un elemento que corroe todo “éxito del sistema capitalista en esta etapa”. Han aflorado con conocimiento de toda la humanidad las debilidades del sistema. Por eso se lo cuestiona a cada paso de éste desde el campo político, cultural, filosófico y religioso. El imperio debe salir a poner “orden” sin poder lograrlo. Desarrollo combinado en el que es jaqueado desde Irán, China, Rusia o Cuba, Venezuela y Bolivia.

La tecnología de producción avanzada, “concentró la plusvalía, aumentando la capacidad de acumulación…” según analizamos hace 20 años cuando se empezaba a hablar de la panacea de la informática, el triunfo del capitalismo con el fin de las ideologías y la historia. Pero como también desde aquella oportunidad “Conclusiones” editorializó, la etapa en que entramos es la de la “rebelión de las fuerzas productivas, prevista por Marx y Engels, y Lenin con su conclusión: “el imperialismo fase superior pero última del capitalismo”.

La realidad del mundo hoy nos exime de mayor análisis. La contradicción principal es el antagonismo entre la enorme fuerza de la inteligencia humana y el sistema que ha supervivido hasta ahora, que es la distribución y apropiación desigual, que se expresa en las dificultades del proceso de “Clase-Partido-Dirección”, y las contradicciones en la construcción de los nuevos Estados Revolucionarios entre Clase, Partido y dirección.

Esto no es generalizar en anticapitalismo de barricada sino que queremos, como parte de muchos otros sectores y factores de la cultura, la ciencia y la política en el mundo, poner los puntos sobre la íes.

No hay etapa “contra la corriente” sino a favor de la corriente y por ello es que la civilización ha entrado en la etapa de reconstrucción social en el camino al SOCIALISMO.

LC.

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